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Sep 12

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Cuando en el año 1937 las autoridades malagueñas decidieron cerrar definitivamente el popularísimo Café de Chinitas, poniendo concluyente stop a sus genialidades artísticas y taberneras, no estaban clausurando un infecto local cuya sentencia de muerte llevaba cantada un decenio, sino que tal cerrojazo administrativo-policial significaba echar el candado a un templo de arte popular tan famoso por sus espectáculos últimos como por sus notables escandaleras. Café cantante a medio camino entre el lupanar y el escenario galante de las noches locales de las precedentes cuatro décadas del siglo XIX y otros tantos del presente, el local había escrito una larga y controvertida crónica social de la que sobresalieron a partes iguales monumentales trifulcas, inmoralidades escénicas y situaciones navajeras.

Un local así, situado en el corazón de una ciudad de abierto y atractivo puerto, tenía que pasar a la historia como una de las instituciones populares de cuantas hoy se recuerdan. El hecho mismo de que el poeta García Lorca, ganado en su tiempo por la fama que nimbaba el café malagueño y las cosas que sugería desde la leyenda, hiciera coincidir en su poesía a Paquiro y su hermano (situación que jamás pudo darse por la diferencia de edad entre ellos) contribuyó a incrementar la fama del referido local.Entre la calle Santa María y la plaza de la Constitución existió el convento e iglesia de las Agustinas Descalzas, una institución monástica que nació en Málaga en 1628 merced a los 21.500 ducados que para dicha fundación ofreció doña Magdalena Espinosa Zorrilla, gran devota de la orden agustiniana y viuda de don Melchor de Zorrilla, durante muchos años regidor de la ciudad y persona muy significativa de la Málaga del primer tercio del siglo XVII.

El edificio tenía ingreso principal al cenobio a través de una elegante puerta por el lado de la calle de Santa María, en tanto que a la iglesia se entraba por otra de madera artísticamente tallada bajo la portada de piedra que hoy permite el acceso al pasaje por el lado de la plaza de la Constitución.La parcela sobre la que se construyeron convento e iglesia era irregular por su forma y generosa de proporciones, pues sus costados daban a las ya mencionadas calle de Santa María y plaza de la Constitución, así como a calle Fresca y del Toril. Esta era la situación del conjunto cenobita hasta que las leyes y disposiciones desamortizadoras vinieron a expropiar y más tarde a exclaustrar, respectivamente, el patrimonio de la Orden de San Agustín y el lanzamiento de las monjas que formaban comunidad de religioso y espiritual destino.La historia del teatro comienza hacia 1857, se proyecta hasta 1920 tratando de borrar su antigua personalidad mediante nuevo nombre, Salón Royal, y acaba sin pena ni gloria en 1937, año en que no estaban las cosas en Málaga como para que nadie rindiera tributo de recuerdo a un establecimiento execrado por muchos como aplaudido por otros tantos ciudadanos. Pero resulta curiosa la manera como El Chinitas permanece en el corazón de los malagueños y la forma en que su nombre se mantuvo siempre en la memoria del pueblo.