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Sep 06

Ugg se pueden mojar

El problema de los negocios tradicionales es que las nuevas generaciones no siempre quieren hacerse cargo de ellos. Aunque esto no ha pasado en la papelería Morales, en la calle Ángel. Fundada en 1939, ha sido imprenta, mayorista de papel, filatelia y papelería. La fundó el abuelo de Isabel Morales y ahora ella ha cogido el testigo de su madre. «Tenemos el mismo mostrador y la misma ventanilla de caja con la que abrió la tienda», asegura Isabel, quien cuenta que muchos clientes han impreso en ella las estampitas de su bautizo, de la comunión y las invitaciones de boda.La librería Cervantes también tiene su clientela fija. Fundada en 1939, este negocio de la plaza de la Constitución es el único de las librerías antiguas cercanas a la calle Larios que ha sobrevivido. «Muchos clientes nos vienen diciendo que han visto un libro en el Corte Inglés, pero lo compran en nuestra tienda porque nos conocen de toda la vida», asegura Laura Rodríguez, dueña del negocio y nieta del fundador. «No queremos cambiar, creo que una librería debe tener ese toque clásico y esa mezcla de olor a papel y a madera», añade, mientras muestra las estanterías que instaló su abuelo Cristóbal hace ya siete décadas.

También presumen de muebles antiguos en la farmacia Mata, en plena calle Larios. Esta botica guarda los botes y los expositores que se instalaron cuando se abrió el comercio y la calle, hace 117 años. Aunque el fundador original fue un farmacéutico granadino, la familia Mata es propietaria del establecimiento desde 1920. El aspecto exterior del negocio ha cambiado poco desde entonces. Pero la farmacia no ha renunciado a modernizarse y cuenta con ordenadores y sistemas electrónicos, además de un laboratorio con las últimas tecnologías, asegura Pilar Romero, nieta del primer Mata.Aunque no sólo el Centro guarda vestigios de tiempos pasados. En los barrios, muchos negocios se han convertido en toda una institución, aunque su creación sea mucho más reciente. Es el caso del zapatero Juan Carrégalo, situado en la avenida de Velázquez. Juan ha heredado el negocio de su padre, que lleva casi dos décadas arreglando botas y tacones de todos los vecinos de El Torcal, La Luz y la barriada de la Paz. Los vecinos de la zona no tienen dudas.

Cuando se le pregunta por el mejor lugar para confiar tus zapatos favoritos recomiendan siempre a Juan. «Incluso viene gente de la otra punta de Málaga porque tenemos buena fama», dice Juan, que señala que no cambia el ajado mostrador de su negocio por superstición. «Me va bien como está y prefiero no tentar a la suerte», añade.La barbería de Francisco Javier Arias también tiene sus años. Casi 70, de hecho. Por sus butacas han pasado las barbas y pelos de casi todo el Molinillo y ha sabido guardar ese aire de peluquería antigua de las que ya apenas quedan unas pocas en Málaga. Entre sus paredes, como en las del resto, guarda recuerdos de otros tiempos, historias del pasado de Málaga y su gente. Un museo vivo que aún forma parte de la ciudad.