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Sep 13

Uggs falsas

De los años diez al veinte del presente siglo, descocadas damitas devolvieron al local su antiguo sabor a burdel con gran contento de los parroquianos. De tan lejanos años se recuerda, en tiempo de carnaval, la actuación de alguna «inocente» artista que cantaba con un plátano en la mano, y preguntando al final de su actuación por qué oquedad, intersticio, depresión o coquera de su anatomía deseaba el respetable que se lo introdujera, obedecía entre aplausos de aprobación general.La popularidad nacional del pasaje y del mismo café alcanza su máxima curva al iniciarse los años treinta del presente siglo, al regresar a su escenario las perdidas flamenquerías. En la memoria de muchos de la generación de nuestros padres y abuelos quedaron indeleblemente grabadas las actuaciones de los colosos Juan Breva y Antonio Chacón, rivales en el cante por malagueñas; otras figuras como La Macarena, La Juana, La Trini, El Petrolo o El Porrilla, se insertaron igualmente en la memoria ciudadana a través de muchas actuaciones en el local, y éstas, a su vez, se encadenaron a otras, tales como las discutidas y polémicas Hermanas Navarro, Estrellita Castro, Lucrecia Torralba, Isabelita Ruiz, Luisa Albéniz (bailarina excepcional madre de los Manfredi), Manuel Torres, Pastora y Tomás Pavón, Vallejo, Manolo Caracol, Canalejas de Puerto Real, Cojo de Málaga, Palanca, Marchena, Juanito Valderrama…

El reparto no se agota con esta mínima alusión a sus carteles, que tomada en su momento de referencias directas de maduros malagueños que protagonizaron algunas de las célebres noches de El Chinitas, ni a ellos mismos alcanza su memoria a los años 20 del presente siglo. Y por si fuera poco, no quedó documentada la crónica diaria del local precisamente por vivir de los restos desabridos y escandalosos de una sociedad infantilmente restrictiva y mayoritariamente farisaica, lo que ha reducido la documentación disponible a la simple tradición oral con todas y cada una de sus inevitables inexactitudes y exageraciones, según sea el interés derrotista o positivo que se ponga al reflexionar sobre su discurso escenográfico o tipológico.

De los últimos años de existencia del café queda, si acaso, el recuerdo de los precios que regían hasta el momento de su cierra definitivo: café con espectáculo, 1,25 pesetas; media botella de machaco, 3 pesetas; una de vino fino, 7 pesetas. Y así, la larga lista de precios que se ofrecía a los concurrentes de los años treinta.Al iniciarse los años sesenta de este siglo llega a la Alcaldía Francisco García Grana y manda publicar un edicto en los periódicos locales para dar a conocer su decisión de bautizar oficialmente con el nombre de Chinitas el pasaje de Alvarez.Para ello convocó, en plazo y forma, a las personas que tuvieran que hacer algún tipo de alegación contra la iniciativa municipal. Al no presentarse ningún tipo de reclamación ni demanda al efecto, se cambió el rótulo de cerámica del pasaje de Alvarez por el definitivo de pasaje de Chinitas, que era como tradicionalmente los malagueños llamaron desde que en él se estableció el café cantante.