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Sep 18

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La tonelería tiene capacidad para producir entre 22.000 y 25.000 botas de roble al año. El 90% va a la exportación. La compañía facturó 14 millones de euros en 2014 y prevé crecer un 20% este año, según adelanta Narciso Fernández. Por su parte, la filial maderera, Forestal Peninsular, mueve un negocio de 6 millones de euros. La compañía emplea a 80 personas en Jerez y 60 en sus aserraderos norteños. «No hemos notado tanto la crisis. El güisqui bueno no ha tenido años malos», señala el empresario.«La mejor bota para el güisqui, por tradición, es la de roble español envejecido con oloroso de Jerez», explica Fernández Iturrospe. «La historia de la bota está muy ligada a la de la rueda. Se hicieron así por su facilidad de movimiento. Una bota es un producto ergonómicamente perfecto», afirma el empresario. Cada una de estas barricas lleva entre 32 y 36 duelas, que se ensamblan sin juntas, solo con la ayuda de un fleje metálico que las comprime. «La forma se la da el agua y el fuego, la llama que calienta lenta e intensamente la madera húmeda», explica.Un tostado interior medio «para despertar aromas a frutos secos y chocolate, no a carbón»; y el envejecimiento en bodega durante dos años con vino generoso aportan esos matices al buen escocés.

La minifalda es de esas prendas presentes en nuestros armarios, un básico que permanece a pesar del paso del tiempo y que este otoño-invierno regresa más actual que nunca. Surgió en la década de los 60, y su origen se debe a la diseñadora británica Mary Quant, aunque hay quienes afirman que en realidad fue obra del diseñador francés, André Courrèges. Es complicado asignar el mérito solo a uno de ellos, pues la realidad indica que ambos tuvieron mucho que ver en la creación de una prenda que revolucionaría la sociedad de la época.La minifalda recibe su nombre por el popular coche Mini, y fue reflejo de la rebeldía de la mujer durante la década de los 60. Una mujer cansada de ser tratada como una frágil niña que comenzó a exigir su papel protagonista, con personalidad y sin miedo a la crítica. La aparición de la minifalda marcó una época de rebeldía que directamente influyó sobre la industria de la moda. De hecho, el pantalón femenino también tuvo relevancia durante estos años. Un pantalón que se llevaba para el campo y por primera vez, también para el día a día.

No fueron pocos los que en aquella década se opusieron a esta prenda. Diseñadores tan importantes para la industria de la moda como lo fue Coco Chanel vieron como un total despropósito que las mujeres fueran enseñando muslo.Una década anterior, más concretamente en los años 50, Dior impuso su ley con la llegada del “New Look” y su característica falda con vuelo, una prenda que llegaba por las rodillas o incluso algo por debajo de esta y que dibujaba a una mujer muy femenina. Durante esta década también fue muy popular el modelo de falda lápiz, muy ajustada al cuerpo y que era utilizada por las mujeres de manera cotidiana para sus looks de oficina . Diez años después, en los 60, la minifalda le robó el protagonismo por completo. Llegó una falda caracterizada por su diseño, nada recatado y que insinuaba mucho más que cualquier prenda por aquel entonces.