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Oct 17

Uggs knockoffs

Inglaterra, Estados Unidos y medio mundo quieren vestir como Kate. Su estilo es adaptable, clásico sin ser aburrido, poco estridente pero lo suficiente coqueto y femenino como para llamar la atención. Kate luce vestidos y abrigos que gustarían por igual a una madre, a una abuela, a una mejor amiga y a la reina de Inglaterra. Su estilo gusta por sí mismo y gusta porque ella, con su sempiterna sonrisa y su ojo maquillado, encanta. Adquirir algo que ella ha llevado es acercarse simbólicamente a una de las mujeres más famosas de la tierra y a la gente le encanta notar un sentimiento de pertenencia a algo.No es fácil encontrar un miembro de la realeza en la que muchas mujeres puedan verse identificadas y cuyo look deseen imitar. ¿La reina Letizia? Su efecto funciona con algunas prendas puntuales, pero su estilo es demasiado difuso y todavía por definir.

Máxima Zorreguieta? Demasiado regio para el mundo real, no todo el mundo aguanta tan bien un pamelón. Kate Middleton es la royal prescriptora definitiva, un nombre que mueve millones de euros –mil millones sólo en la industria de la moda británica según Forbes– y que, al contrario que otras influencers que sacan rentabilidad a su vestuario, no puede beneficiarse en absoluto de ello.Sí lo hacen (y mucho) las marcas seleccionadas, pero sus decisiones –y las de las personas de su equipo que ayudan a trazar su vestuario– no pueden ser modificadas por regalos ni estrategias de marketing al uso. Su criterio es puro, imprevisible e impagable. Y lo que lo hace más poderoso es que no deja de crecer: no afecta a su marido, Guillermo, pero sí se ha extendido a sus hijos. Los príncipes George y Charlotte emulan el toque midas de su madre con cada prenda que lucen.

La chaqueta que llevó el futuro heredero en su primer día de clase incrementó su venta en un absurdo 440%. Las del albornoz de la marca My First Years que vestía cuando saludó a Obama aumentaron un 750%. La princesa Charlotte es, sin saberlo, uno de los bebés más influyentes del mundo, capaz de disparar la cotización de empresas desconocidas hasta el infinito. ¿Qué vestirá en su próxima aparición la familia Cambridge? El mundo aguarda expectante.